Buena alimentación VS falta de tiempo

Uno de los problemas habituales en nuestro día a día es la falta de tiempo, lo que repercute no solo en nuestro ánimo provocándonos estrés, sino que puede influir también en nuestra alimentación.

Imagen CC BY 2.0 por Oswaldo Rubio

Los malos hábitos alimenticios, como saltarse comidas, pueden crearnos un metabolismo lento e incluso dañar nuestra salud. La rapidez a la hora de comer está generando también un incremento de pacientes con complicaciones gástricas debido a  la falta de masticación y la absorción de aire.

Cuando hablamos de la falta de tiempo para comer abarcamos: la hora de comprar alimentos, su preparación y la ingesta. Es muy importante dedicar tiempo a disfrutar de una buena mesa, sentarse y si es posible hacer este ejercicio en familia para educar en este hábito a todos sus miembros.

Una larga jornada de trabajo o un solapamiento de horarios no deben convertirse en una amenaza para tu salud. Para evitar estas alteraciones nutritivas puedes seguir las pautas que te facilitamos a continuación:

  • Planea tus menús con antelación. Escribe en una tabla lo que tienes previsto desayunar, comer y cenar durante esa semana, así ahorrarás tiempo y evitarás la improvisación.
  • Haz una lista de la compra. Con ella te ceñirás al menú que tienes preparado y ahorrarás ya que seguramente no comprarás productos innecesarios. Llena tu lista de alimentos saludables y de productos frescos.
  • Prepara tus comidas para la semana con antelación. Utiliza un día libre para preparar platos más elaborados, después puedes congelarlos para ir consumiéndolos durante la semana. Con un simple microondas puedes calentar y listo para comer, ya sea en tu casa o en tu lugar de trabajo.
  • Tómate tu tiempo para comer. La hora de la comida es muy importante y no debemos saltárnosla ni dedicarle apenas unos minutos. Es necesario fijar un horario diario, tomarnos al menos 30 minutos, finalmente escoger un lugar tranquilo que nos permita estar sentados y relajados.
  • Mantente hidratado. Asegúrate de beber abundante cantidad de líquidos para mantener una correcta hidratación, entre ellos agua y zumos. Evita los refrescos  altamente azucarados y el café ya que pueden alterarnos, y sustitúyelos por descafeinados e infusiones.

 

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