Después de un otoño-primaveral que parecía eterno, por fin parece que tenemos el invierno encima. Además de revolver en el armario y equiparnos para no pasar frío, si tenemos previsto desplazarnos en coche esta Semana Santa a algún lugar de nieve, no debemos olvidar abrigar y proteger también nuestro vehículo.

Lo más importante es comprobar primero el estado de nuestros neumáticos, tal y como os contamos cada año.

Vamos a hacer un repaso a los diferentes tipos de cadenas:

Cadenas metálicas: son las clásicas, las de toda la vida. Compuestas por eslabones metálicos de acero. Suelen llevar, además, un aro metálico o un cable de acero que se sitúa en la parte interior de la rueda y uno o varios tensores en la parte exterior. Son las más baratas pero quizás las más difíciles de poner. Sumado a ello, generan traqueteo y si se sueltan puede provocar daños en el coche.

Cadenas de tela: formadas por material textil, se montan mucho más fácil y pesan muy poco. Se han hecho muy populares en los últimos años pese a ser más caras que las anteriores. La clave de su éxito es la comodidad de montaje como decíamos, sumado a que no hay posibilidad de dañar el vehículo con ellas. Sin embargo, dada su fragilidad, se rompen más fácilmente, en cuanto no se circula por nieve o hielo.

Cadenas de red: las famosas cadenas compuestas. Están formadas por una red de cables plásticos enfundados en material textil y unidos por argollas metálicas. Se montan de manera similar a las textiles pero con mayor tensión. Además duran bastante más.

Cadenas semiautomáticas: con un nombre rimbombante, las Spikes Spider son cadenas pensadas para uso frecuente. Formadas por metal, plástico, goma y clavos, se montan en cuestión de segundos y son ideales para situaciones de mucha nieve. Tienen una vida útil muy prolongada y un precio que sobrepasa a las demás.

Así que si tienes la suerte de vivir en la montaña o te vas a desplazar a ella, recuerda que no falte en tu maletero, ropa de abrigo y unas buenas cadenas.