En este post queremos arrojar un poco de luz sobre los controles de alcoholemia. Existe la creencia popular de que estas pruebas tienen un afán recaudatorio o, peor aún, están pensadas para amargarte el fin de una feliz velada en un día señalado.

Nada más lejos de la realidad. Los controles de alcoholemia se realizan para prevenir conductas de riesgo y posibles accidentes. En definitiva, para protegernos de las imprudencias, generalmente, de otros.

A continuación vamos a detallar algunos derechos y obligaciones que nos atañen en estas situaciones.

  • Lo primero que debemos saber es que todo conductor está obligado a responder ante los requerimientos de los agentes. Negarse a una prueba de alcoholemia es un delito tipificado en el Código Penal con una pena de entre seis meses y un año de prisión, entre otras cosas. El vehículo quedaría de facto inmovilizado y los gastos que pudieran ocasionarse por la inmovilización, traslado y depósito del vehículo serían de cuenta del conductor.
  • Después, si la tasa de alcohol detectada es inferior al máximo permitido podremos reanudar inmediatamente la marcha. Si la tasa es superior, en cambio, la prueba se tendrá que repetir. Es importante saber que entre una prueba y otra deben pasar, al menos, 10 minutos. Se sabe que en estos minutos se dan las situaciones más variopintas. Carreras alrededor del coche, masticación de chicles y granos de café, y un sin fin de ingeniosas peripecias con las que intentar metabolizar el alcohol.
  • Si hemos conseguido rebajar la tasa de alcohol en esa segunda prueba hasta un grado inferior al permitido podremos marcharnos. De lo contrario, la policía empezará a redactar la denuncia y el coche no podrá ser conducido por el denunciado sino por otro pasajero que no muestre síntomas de embriaguez o que en una prueba no supere el límite mencionado.
  • Ahora bien, si estamos convencidos de que la prueba es errónea, podemos solicitar ser llevados al hospital más próximo para un análisis de sangre. Cuidado con esta segunda vía, porque en caso de que los análisis vuelvan a resultar positivos, el denunciado tendrá que hacerse cargo de las costas del proceso.

Lo mejor en estos casos es sumarse a aquella campaña ochentera en la que Stevie Wonder recomendaba: “Si bebes, no conduzcas”.